Entradas con la Tag “Trigliceridos”

De todos es sabido que el primer consejo que indican los profesionales de la salud para reducir el nivel de colesterol y triglicéridos en sangre es la de reducir la ingesta  de grasas animales y la pérdida de peso.

Otro consejo que dan es la de consumir productos alimenticios enriquecidos con fitoesteroles, los cuales ayudan a reducir este tipo de grasas “malas” en la sangre.

Pues bien, una de las mayores fuentes de fitoesteroles y omega 3 (esceptuando el pescado) que hay en la naturaleza son los frutos secos es su forma cruda.

El consumo de frutos secos en los países mediterráneos es de unos seis gramos por persona y día, por lo que su contribución nutritiva a la dieta total es poco significativa, a pesar de su interesante perfil nutricional. Determinados grupos de población mantienen ingestas superiores, como es el caso del colectivo vegetariano, con un consumo que puede ir de los 40 gramos diarios en ovolactovegetarianos hasta los 90 gramos diarios en ciertos grupos de vegetarianos más estrictos.

Los frutos secos constituyen unos de los alimentos más densos en energía pero también muy nutritivos, pues aportan grasas cardiosaludables, proteínas, escasos hidratos de carbono, así como fibra, vitaminas, minerales y sustancias bioactivas como antioxidantes y fitoesteroles. Este interesante perfil nutricional ha llevado a reconocer los amplios beneficios para la salud del consumo regular de frutos secos, en particular en el ámbito de la salud cardiovascular. Aunque varios estudios recientes desmienten el papel de los frutos secos en la ganancia de peso y en la promoción de la obesidad, a menudo se suelen restringir por su aporte calórico.

Durante los últimos años se ha evidenciado que las dietas que incluyen frutos secos ayudan a prevenir las enfermedades cardiovasculares por su efecto hipocolesterolemiante y antiinflamatorio. Además, algunos trabajos sugieren que también podrían reducir el riesgo de diabetes en mujeres y de cálculos biliares, en este último caso, en ambos sexos.

En cuanto a la evidencia del efecto anticarcinogénico, ésta es más limitada, pues los estudios realizados en las dos últimas décadas sólo han examinado tres tipos de tumores y los beneficios parecen limitarse a las mujeres. En este sentido, pues, es necesario seguir investigando sobre el papel de los frutos secos en otras enfermedades distintas de las cardiovasculares.
 
El temor popular a comer frutos secos se ha basado en la creencia de que contienen mucha grasa y, por tanto, muchas calorías. Y se sabe que tomar más calorías de la cuenta aumenta el peso corporal. La ciencia ha estudiado el efecto del consumo habitual de frutos secos, en una cantidad razonable, sobre el aumento de la grasa y el peso corporal, y los resultados son muy interesantes. En los últimos años, cada vez son más los estudios que describen una relación inversa entre el consumo de frutos secos y la ganancia de peso corporal.

En España, una investigación de 2007 en el marco del estudio SUN de la Universidad de Navarra apuntaba que las personas que siguen una dieta mediterránea con alto contenido en frutos secos engordan menos que quienes no ingieren este alimento. Esta hipótesis se va consolidando con la aparición de trabajos con resultados que van en la misma línea, con un mayor número de participantes durante un período de tiempo más largo, lo cual les confiere más solidez.

Un estudio recién publicado en la revista “American Journal of Clinical Nutrition”, realizado por investigadores del Departamento de Nutrición de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard (EE.UU.), evaluó la ingesta diaria de frutos secos y los subsiguientes cambios de peso entre los años 1991 y 1999. Éste se ha convertido en uno de los pocos trabajos que evalúan la asociación a largo plazo entre el consumo de frutos secos y los cambios de peso corporal.

Los más de 51.000 participantes, sanos y de mediana edad, fueron separados en función de si consumían frutos secos dos o más veces por semana o si, por el contrario, raramente ingerían este alimento. Los primeros mostraron una menor ganancia de peso que los que apenas incluían los frutos secos en su alimentación. Además, en un análisis donde se controlaron distintos factores dietéticos y de estilo de vida, se observó que un mayor consumo de frutos secos se asociaba a un menor riesgo de obesidad.

Los resultados de este estudio sugieren que incorporar frutos secos en la alimentación no conduce a un aumento de peso y que, incluso, podría ayudar a su control. La clave está, en parte, en el consumo razonable. En este sentido, la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC) recomienda consumir entre 1 y 5 raciones por semana de frutos secos al natural, de los que haya que pelar, entendiéndose como ración el equivalente de 25 gramos de frutos secos (peso sin cáscara).

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Las hojas desecadas de la alcachofa (Cynara scolymus L.) se utilizan como ingrediente en suplementos dietéticos para la pérdida de peso y/o para mejorar las digestiones.

Se le atribuyen propiedades diuréticas y lipotrópicas (quema grasas) y se ha utilizado tradicionalmente por su probada acción colerética y colagoga (estimulante de la liberación biliar). Las hojas de alcachofa han demostrado aumentar la producción y la eliminación de bilis debido a la presencia de los derivados del ácido cafeico (cinarina principalmente). En personas con trastornos digestivos y hepatobiliares también se ha observado una disminución significativa de los síntomas de dispepsia (dolor abdominal, flatulencia, náuseas).

El extracto de alcachofa inhibe de forma indirecta a la hidroximetil-glutaril-coenzimaA-reductasa (HMGCoA-reductasa), un enzima que influye sobre la síntesis del colesterol. Se ha comprobado que la actividad es debida al cinaratriósido y a la luteolina presentes en las hojas de la planta. Además al aumentar la eliminación de bilis facilita el drenaje del colesterol.

A pesar de que se han descrito los beneficios de esta planta sobre el colesterol y los triglicéridos, no existen evidencias sólidas que apoyen su utilización como farmacoterapia en este sentido. De hecho, desde diferentes ámbitos científicos unificados en una revisión Cochrane llevada a cabo en 2002, se advierte que es necesario realizar investigaciones clínicas más rigurosas con un gran número de participantes y en largos periodos de tiempo, que puedan establecer si el extracto de alcachofa es lo suficientemente efectivo como para representar una opción terapéutica para personas con dislipemias.

No hay por el momento ningún estudio representativo que haya observado e informado sobre las propiedades adelgazantes de los complementos alimenticios de este compuesto por favorecer la eliminación de las grasas o por aumentar la lipolisis. Los posibles efectos sobre la regulación del metabolismo de los lípidos (colesterol y triglicéridos) y sobre la mejora de las digestiones no son extrapolables a la pérdida de grasa corporal en personas que sufren sobrepeso u obesidad. Por tanto, el uso del extracto de alcachofa no tiene efecto específico sobre la reducción de grasa corporal y la reducción de peso.

El uso del extracto de alcachofa no tiene efecto específico sobre la reducción de grasa corporal ni sobre la reducción de peso, si bien sí están probadas sus acciones positivas a nivel digestivo.

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Los niveles de triglicéridos aumentan por el esceso de glucosa en el torrente sanguineo.

Los órganos que más glucosa consumen de todo el cuerpo son el cerebro, los músculos y el hígado. Por la noche, mientras dormimos, la actividad de estos órganos disminuye de forma notable, por lo que no precisan un aporte considerable de glucosa. La glucosa que no se metaboliza está circulando durante horas por la sangre, y el organismo de cualquier persona sana pone en marcha mecanismos hormonales para regular los niveles de glucosa en sangre; es decir, secretará la dosis de insulina suficiente para regular la glucemia (niveles de glucosa en sangre).

En muchos casos de obesidad ,pero no en todos, los mecanismos hormonales del individuo para regular la glucemia no son eficientes, y parte de la glucosa que circula por la sangre se transforma en triglicéridos (grasas) que se acumulan en el tejido adiposo.

Por tanto, una postura razonable y saludable para perder peso ,  y por ende, reducir los niveles de triglicéridos, consiste en “disociar” la cena , no necesariamente toda la dieta, y hacerla a base de vegetales y alimentos proteicos (carnes magras, pescados, huevos, jamón…), obviando los que aportan hidratos de carbono (pan, arroz, pasta, patatas y legumbres), o consumiendo éstos últimos , mejor sus versiones integrales, en pequeña cantidad, siempre y cuando se hayan tomado en su justa medida a lo largo del día.

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Los niveles de triglicéridos en sangre dependen de tantos factores y de diferentes metabolismos que resulta extremadamente dificil asegurar que dichos niveles puedan hacernos daño.

No está claro si valores elevados de triglicéridos aumentan el riesgo de enfermedades cardíacas o de accidentes vasculares cerebrales. Los valores en sangre de triglicéridos superiores a 250 mg/dl se consideran anormales, pero los valores elevados no parecen aumentar de modo uniforme el riesgo de arteriosclerosis o de enfermedad coronaria. Sin embargo, las concentraciones extraordinariamente elevadas de triglicéridos (superiores a 800 mg/dl) pueden producir pancreatitis e ictus.

En la tabla aquí expuesta os indico algunas causas del aumento de lípidos en sangre no tan comunes. 

Causas del aumento de la concentración de grasas

Colesterol                                                         

Dieta con alto contenido en grasas saturadas.  

Diabetes mal controlada.                

Cirrosis.                                                                           

Glándula tiroides hipoactiva.                                                

Glándula hipófisis hiperactiva.                                            

Insuficiencia renal.                                                              

Porfiria.                                                                                

Componente hereditario.                                                    

                                                                                          

                                                                                     

Triglicéridos

 Esceso de calorías en la dieta.

  Abuso del alcohol.

Diabetes grave no controlada.

Insuficiencia renal.

Ciertos fármacos:

-Estrógenos.

-Anticonceptivos orales.

 -Corticoesteroides.

Componente hereditario.

 

Los triglicéridos por si solos no es que nos preocupen demasiado, hasta cierto punto, lo peligroso es que además de los triglicéridos elevados, estén también el colesterol y el nivel de azucar elevado.

Estos tres valores nos indican que tenemos una diabetes de tipo 2, en fase de desarrollo o formada completamente.

En estos dos videos se explica como se desarrolla y como se combate de forma totalmente natural y lógica esta dolencia.

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Ahora tenemos un poco de información más sobre los triglicéridos y lo que nos pueden acarrear a la larga.

Una vez más somos lo que comemos.

 

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