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Publicado por: David in Dietas, tags: agua, celulitis, Dietas
La costumbre de cenar sólo fruta es relativamente común en muchas personas preocupadas por su figura, por sus kilos de más y por su salud.
Ocurre sobre todo en mujeres de todas las edades. Acostumbran a reservar el momento de la cena para las tres raciones de frutas diarias recomendadas, e incluso alguna más si llegan a casa con hambre. Entienden que son alimentos que sacian y llenan. Al mismo tiempo, creen que hacen de la cena un menú ligero en calorías.
La sorpresa se la llevan cuando, después de una o dos semanas de seguir con el plan de cenas frugales (sólo fruta), comprueban que no han adelgazado o, si lo han hecho, no han perdido los kilos deseados.
En muchos casos, si no se pierde peso es porque a la persona no le sobra grasa, de manera que el organismo no pone en marcha los mecanismos necesarios para desprenderse de ella. Suele suceder que los molestos «kilos de más» por los que se hace el cambio en las cenas responden a la falta de tono muscular por falta de ejercicio (queda marcada la «barriguita» y resulta incómoda la flacidez de los brazos).
Cenar sólo fruta es una idea relativamente extendida entre mucha gente, pero equivocada si se quiere perder peso. De todas maneras, sí que puede ser efectiva de forma temporal si lo que se persigue es aligerar el cuerpo cuando se sufre retención de líquidos.
Las frutas son un grupo de alimentos con una composición nutritiva muy específica. Son abundantes en agua y fibra, fuente indiscutible de vitaminas (vitamina C, ácido fólico, betacaroteno o provitamina A), y de minerales como el potasio y el magnesio. Completan su valor nutritivo los pigmentos, que en las frutas cumplen un doble propósito. Primero su poder colorante, lo que da tono a la piel o a la carne de las frutas (betacaroteno de naranjas, mandarinas y melocotones; licopeno de las fresas; y antocianinas de las uvas y las ciruelas). En segundo lugar, su poder antioxidante, por lo que resultan complementos indiscutibles en una dieta preventiva.
La combinación de todos estos nutrientes en las frutas explica la propiedad esencial de los vegetales para depurar el organismo. Por ello, su consumo habitual se manifiesta en una mejoría física y mental. Se siente la cabeza más despejada y el cuerpo, en particular las piernas, más ligeras y menos pesadas. Se fortalecen las arterias y las venas, con la consiguiente mejora de la circulación sanguínea. Se nota que se orina mucho más, por lo que se eliminan más sustancias de desecho, pero no grasa. Así, quien come fruta siente más ligereza, algo que no necesariamente se ve reflejado en el peso (si la razón del exceso de peso no es la retención de líquidos).
Perder peso es posible si se llevan a buen término los cambios en la alimentación que han llevado a engordar, siempre y cuando esos cambios sean duraderos en el tiempo.
Una de las cuestiones dietéticas esenciales para adelgazar es procurar una acertada selección de alimentos, así como ajustar las cantidades de cada uno a las necesidades individuales. En el caso de la fruta, con comer tres al día es suficiente. Tomar más cantidad de la misma desequilibra la dieta por dos motivos esenciales, los cuales justifican por qué cenar sólo fruta no adelgaza.
Por una parte, la concentración de las tres raciones de fruta o más en la cena desplaza del menú otros alimentos que, por su esencial valor nutritivo, tienen que ser contemplados en la dieta diaria (huevos, pescados y verduras). Por otro lado, una cena abundante en frutas se traduce en calorías y azúcares procedentes de estos dulces alimentos. Sin embargo, una dieta es efectiva para perder peso si garantiza que el consumo de todos los alimentos, incluidas las frutas, no sea desproporcionado para no descompensar las calorías totales del día.
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Hacer ejercicio al mismo tiempo que cocina, mientras lee un buen libro o disfruta de una película e, incluso, cuando ayuda a sus hijos a hacer los deberes. No parece mala idea pero, ¿cómo se puede conseguir? La respuesta, una modalidad de ejercicio físico basada en el entrenamiento mediante aparatos vibratorios aplicables a una zona concreta del cuerpo o a un determinado conjunto muscular. Para ello se utilizan plataformas vibratorias, mancuernas o cables adheridos al cuerpo.
En general, optan por este tipo de entrenamiento aquellas personas que practican un deporte de manera habitual y buscan una alternativa al ejercicio con pesas que produzca respuestas musculares parecidas. Sin embargo, la publicidad en los distintos medios de comunicación sobre las bondades del ejercicio físico con vibraciones ha contribuido a que personas poco habituadas a practicar algún tipo de deporte utilicen este sistema que, aunque pueda resultar conveniente en momentos concretos y recomendado por profesionales, en ningún caso altera el tejido graso, ni la celulitis. Tampoco se pierde peso, ni se logra estar en forma en una semana, por lo que queda invalidado el principal reclamo de la publicidad. Aún así, la comunidad científica continúa sus investigaciones con aquellos que usan de forma cotidiana el entrenamiento vibratorio con el objetivo de averiguar si es realmente efectivo.
Efectos sobre distintos sistemas del organismo:
Las consecuencias del movimiento vibratorio sobre el organismo son las siguientes:
.- Sistema neuromuscular: con cinco series de 30 segundos a 30 Hz se producen 4.500 contracciones musculares y su efecto es similar al del entrenamiento con ciclos de estiramiento-acortamiento (pesas), pero de una forma más controlada. Mejora la activación del músculo, su rapidez de respuesta, la fuerza, la potencia y, además, se ha comprobado que también contribuye a alcanzar una buena flexibilidad y agilidad.
.-Sistema endocrino: se ha probado que el entrenamiento con vibraciones provoca un aumento tanto de la hormona del crecimiento como de la testosterona, un descenso del cortisol y una ligera reducción de la glucosa en sangre.
.-Tejido óseo: en el laboratorio se ha observado que oscilaciones de baja frecuencia y amplitud estimulan la formación de osteoblastos (células que regeneran la estructura ósea), por lo que este método de tratamiento podría utilizarse en la prevención y tratamiento de la osteoporisis. Estos efectos, sin embargo, se encuentran todavía en fase de estudio.
.-Sistema cardiovascular: durante los estímulos vibratorios se produce un aumento de la presión arterial sistólica y de la frecuencia cardiaca, pero finalizado el ejercicio descienden, lo que podría deberse a un efecto vasodilatador y a la disminución de las resistencias vasculares periféricas. Sin embargo, este punto es controvertido ya que hay estudios que no han encontrado tales diferencias ni variaciones significativas.
Este tipo de entrenamiento tiene numerosas aplicaciones en el deporte y la rehabilitación y, además de los mencionados efectos, aporta resultados positivos sobre los músculos, tendones, huesos y articulaciones, además de mejorar la potencia, la fuerza máxima y la explosiva, la velocidad, la agilidad y la flexibilidad. La facilidad de uso de las máquinas de vibraciones, el poco tiempo requerido para que se obtengan resultados, las mínimas probabilidades de que aparezcan lesiones y, para algunos, la comodidad de poder practicarlo en casa, convierten este ejercicio vibratorio en una alternativa o un recomendable complemento a otros tipos de ejercicio.
Sin embargo, pese a los beneficios demostrados, desde la comunidad médica se insiste en que todavía hay mucho que investigar sobre los efectos en el organismo de este tipo de entrenamiento y se recomienda no abusar de él. Se ha constatado que, en caso contrario, se pueden dar casos de edemas (hinchazón) y una importante degeneración de las fibras musculares. En definitiva, efectos contrarios a los deseados
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La sal es uno de los condimentos más populares y tradicionales de la cocina mundial, no en vano su consumo está generalizado y el inicio de su empleo como conservante de alimentos hay que datarlo hace muchos siglos. Procede de la extracción del agua del mar o de yacimientos subterráneos, y se compone de cloro y sodio, minerales esenciales que hemos de incorporar a nuestra dieta a través de los alimentos, dada la importancia de las funciones que desempeñan en nuestro organismo. El problema reside en que el consumo excesivo de sodio está sobradamente identificado como factor de riesgo de la hipertensión arterial, que deriva en situaciones de riesgo cardiovascular.
La presencia de sal en los alimentos se debe a dos funciones principales: realzar su sabor y conservar el alimento. Pero la industria alimentaria añade también a sus productos otras sustancias que contienen sodio, como los aditivos, ya sea con fines conservadores, estabilizantes, emulgentes, espesantes y gelificantes, o como potenciadores del sabor o edulcorantes.
Pero deviene necesario incorporar una cantidad suficiente de sal a nuestra dieta, porque facilita la digestión, ayuda a mantener el nivel de líquidos corporales, permite la transmisión de impulsos nerviosos, la actividad muscular y la adecuada absorción de potasio, y, además, compensa las pérdidas producidas por el exceso de sudoración, vómitos y diarreas.
Sin embargo…
Las necesidades diarias de sal son pequeñas, unos 4 gramos de sal por día, lo que equivale a 1,6 gramos de sodio diarios (1 gramo de sal contiene 390 miligramos de sodio). La OMS recomienda que las personas adultas no superen los 6 gramos de sal al día o, lo que es lo mismo, 2,4 gramos de sodio diarios. Para los niños de 7 a 10 años, el límite es de 4 gramos de sal diarios ó 1,6 gramos de sodio; y para los menores de 7 años, los 3 gramos ó 1,2 gramos de sodio. El problema es que para atender a esta recomendación no sólo hay que controlar, y mucho, la cantidad de sal que el consumidor añade voluntariamente a la comida que prepara y consume, sino que debe evitar o consumir muy moderadamente los numerosos alimentos elaborados que son ricos en sodio.
En nuestro país, los especialistas dan por cierto que cada persona consume de media entre 10 y 12 gramos de sal cada día, lo que representa prácticamente el doble de la dosis máxima recomendada por la OMS. Y quienes más saben de nutrición aseguran que tres cuartas partes de la sal que se consume proviene de alimentos elaborados, no frescos.
Es sabido que nuestra cultura alimentaria es demasiado salada, lo que redunda negativamente en la salud de la población. Por tanto, la mayoría de la gente debe reducir el consumo de sal, y lo óptimo sería que lo hiciera desde la más tierna infancia, educando el paladar desde un principio.
¿Por qué el consumo excesivo de sal es perjudicial?
Cuando en un determinado momento nos pasamos con la sal, bien por comer veinte aceitunas o una lata entera de anchoillas en aceite o cien gramos de jamón curado, este exceso no trasciende de un modo inmediato en nuestra salud, debido a que en condiciones normales el superávit de sal es eliminado fácilmente por el organismo.
No obstante, si el abuso en el consumo de sal se realiza de forma habitual o si el organismo se ve incapaz de eliminar ese exceso (y una de estas dos circunstancias, e incluso las dos, se dan en mucha gente), las consecuencias podrían ser muy graves para la salud. Y, por tanto, la primera medida a adoptar es reducir drásticamente el consumo de sal.
Procede ya describir con cierto detalle los efectos de un consumo excesivo y prolongado de sal: retención de agua, (con el consiguiente aumento de peso y con la exigencia planteada a corazón, hígado y riñones de manejar mayor volumen de líquido y trabajar por encima de sus posibilidades), aumento del riesgo de hipertensión arterial y empeoramiento de los síntomas asociados a enfermedades del corazón, hepáticas y renales. Además, fumadores, diabéticos y obesos ven agravada cualquier disfunción del organismo; el consumo excesivo de sal se ha asociado también a enfermedades tan graves como el cáncer de estómago y la osteoporosis (un alto consumo de sal aumenta la excreción de calcio por la orina, lo que favorece la desmineralización del hueso).
La mayoría de los alimentos frescos no contienen sal, si bien algunos presentan sodio de forma natural; es el caso de las vísceras, como riñones e hígado, o el marisco. Pero la mayor parte de sodio que ingerimos se encuentra en los alimentos procesados -ya por la adición específica de sal, ya por la de aditivos que contienen sodio-, por lo que antes de comprarlos conviene comprobar cuánta sal contienen. Y sería muy sencillo hacerlo si figurara este dato en su lista de ingredientes o en la información nutricional. Porque es frecuente que no figure en los etiquetados. Todavía no es obligatorio informar de ello, salvo cuando los alimentos no aludan de modo destacado a la sal (”bajo en sal”, por ejemplo) en sus etiquetados. Pero no es suficiente con conocer el contenido en sal, ya que algunos aditivos, como el glutamato monosódico E-621 (potenciador del sabor, cuya presencia en los alimentos puede ser de hasta 10.000 ppm, partes por millón) contienen mucho sodio, lo que puede hacer elevar de forma significativa el contenido en este mineral del alimento. Este aditivo es muy común en aceitunas rellenas o con sabor a anchoa, croquetas de jamón, sopas de sobre, gusanitos, pizzas, cubitos de caldo y salchichas, entre otros muchos productos.
Todos debemos controlar la ingesta de sal, porque casi todos abusamos de ella pero deben esmerarse, y limitarla sobremanera, quienes padecen hipertensión o mayor riesgo de problemas cardiovasculares. Hemos de convencernos de que el gusto por la sal es adquirido y, por ello, es del todo posible modificarlo, educarlo. A medida que se ingiere menos sal, la preferencia por lo salado también disminuye. Sólo hay que dar el primer paso, animarse. Para ello pueden servir las siguientes sugerencias.
-Comer más alimentos frescos, que contienen menos sodio.
-Reducir drásticamente el consumo de los más ricos en sodio.
-Ojo con el pan, es una fuente considerable de sal. Quienes acostumbran ingerirlo en grandes cantidades, deberían plantearse el paso al pan sin sal.
-Reducir el empleo de sal cuando cocinamos: cocinemos los alimentos sin apenas sal y dejemos que cada comensal agregue la cantidad que desee al final.
-Reducir el empleo de salsas como mayonesa, mostaza, salsa de soja o ketchup, sustituyéndolas por guarniciones con menos sal: pimientos, patatas, verduras…
-Si se come fuera, pida que le sirvan comida con poca sal, y que las salsas y aderezos se presenten aparte, sin mezclar con el alimento principal del plato.
-Recurra a las cocciones al vapor: al no existir un medio con el que el alimento entra en contacto, no hay cesión de sustancias sápidas a dicho medio, y se conserva mejor el contenido natural del sodio en origen del alimento, por lo que se acusa menos la necesidad de añadir sal.
-Utilice hierbas y especias para condimentar sus platos. No se trata, en este caso, de prescindir la sal, sino de usarla en menor cantidad. En hortalizas y verduras puede usar perejil, albahaca, cebollino, comino, pimienta, zumo de limón.
-Con carnes y pescados combinan muy bien pimienta, pimentón, ajo fresco, ajo y cebolla deshidratados, así como zumo de limón y vinagre. Si se emplea aceite de oliva virgen y vinagre, se encubre un poco la falta de sal.
-Tenga siempre a mano productos bajos en sodio.
-Emplee sal de bajo contenido en sodio (contiene la mitad de sodio que la sal común), sal de cloruro potásico (carece de sodio y se ha de emplear tras el cocinado, porque si no, se vuelve amarga) o la sal marina que, por su sabor más acentuado que la sal común, permite emplear menor cantidad para sazonar las comidas.
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Infusión de abedul
Se dice que allí donde arraiga un abedul el agua se seca, se descalcifica el terreno y se desmineraliza. De ahí sus propiedades medicinales para eliminar líquidos y desinflamar tejidos. Precisamente por eso, el abedul es un gran enemigo de la celulitis.
Ingredientes (para 2 tazas)
2 porciones de hojas de abedul seco
2 tazas de agua
1 pizca de bicarbonato
Preparación
Hacer hervir el agua y añadirle las dos porciones de abedul. Dejar reposar la infusión entre 7 y 10 minutos, colarla y agregarle, antes de tomarla, el bicarbonato. También puede endulzarse si se quiere.
Dieta anticelulítica 1
Desayuno
1 yogur desnatado (muy bueno para mantener el colon sano) con muesli casero: 4 cucharadas de coposde avena, 2 cucharadas de copos de maíz sin azúcar, 1 cucharada de semillas de lino y nueces o almendras troceadas.
Comida
Ensalada con cebolla cruda, zanahoria, rabanitos, brócoli, tomates cherry, sésamo y aceite de oliva.
Pescado azul (salmón, atún, sardinas…). Infusión de te verde.
Merienda
1 pieza de fruta (2 o 3 trozos de melón, piña o sandía).
Cena
Crema fría de legumbres (lentejas, col, cebolla, ajo y perejil pasados por el pasapurés). 1 huevo duro o
1 vaso de leche de soja.
Caldo anticelulítico
Este delicioso y depurativo caldo, además de introducir gran parte del agua necesaria en el organismo, aporta vitaminas y minerales que ayudan a limpiar el organismo eliminando la grasa y combatiendo la celulitis. Aunque si se quiere que sea realmente efectivo, ha de combinarse con ejercicio diario. Aunque sólo sea caminar a paso vivo durante media hora.
Ingredientes
1,5 l de agua
1 repollo
1 pimiento
2 tomates maduros
1 chalota
1 cebolla
Aceite
Sal
Preparación
Se limpian y cortan las hortalizas en pedazos pequeños y se ponen a cocer en el agua unos 20 o 25
minutos. Pasado ese tiempo, se cuela. Con las verduras sobrantes, aderezadas con limón y aceite de oliva,
puede elaborarse una ensalada.
Uso
Tomar al menos 1 litro de caldo al día.
Anticelulítico de arcilla.
Éste es un remedio clásico y eficaz para combatir la celulitis con arcilla.
Ingredientes
Un guante de crin Arcilla Agua Papel glass
Preparación
Preparar un barrito con el agua y la arcilla.
Uso
Frotar la zona con celulitis con agua templada y el guante de crin hasta que la piel se ponga coloradita.
Secar la piel un poco y aplicar la arcilla directamente sobre la zona afectada. Tapar con papel glass.
Repetir a diario.
Fórmula casera contra la celulitis
Éste es un remedio barato y eficaz contra la celulitis a base de limón, salvia y eucalipto.
Ingredientes
2 puñados de salvia
2 puñados de eucalipto
½ l de aceite de oliva
Un poco de zumo de limón
Preparación
Mezclar todos los ingredientes, dejarlos 9 días reposando y colarlos pasado ese tiempo.
Uso
Aplicarlo sobre la piel después de un baño caliente.
Cataplasma de posos de café
La celulitis es un problema circulatorio y hormonal. El primer remedio en la lucha contra ella está en la desintoxicación del cuerpo, para lo que debemos cambiar el estilo de vida para prevenir la acumulación de grasas. Hay que seguir la dieta depurativa y evitar alimentos que estimulan la acumulación de toxinas, practicar ejercicio diariamente y abandonar hábitos como el café, alcohol o el tabaco, las grasas, las harinas. También pueden aplicarse remedios externos como esta cataplasma de posos de café enviada por una amiga.
Ingredientes
Guante de crin
Agua
1 puñado de posos de café
Preparación
Frotar previamente la zona con un guante de crin y agua hasta que la piel se ponga coloradita. A continuación pueden cogerse los posos de café y frotar con movimientos circulares durante un rato. Para acabar ha de limpiarse la zona con agua templada y jabón.
Cataplasma de hiedra
La hiedra se utiliza en muchos productos de cosmética como anticelulítico. Este es un sencillo remedio casero que te ahorrará dinero en cremas.
Ingredientes
1 bol de agua caliente
Un puñado de hojas de hiedra
3 tubitos de esencia de manzanilla
Preparación
Se pica la hiedra y se pone dentro del bol con la manzanilla. Remover bien los tres ingredientes y poner la mezcla en una gasa.
Uso
Primero se frota con agua caliente y un guante de crin la zona afectada para que se abran los poros y la piel absorba bien la mezcla. A continuación la secamos, aplicamos la cataplasma y vendamos con gasa y esparadrapo para sujetarla. Ha de dejarse actuar durante 3 o 4 horas y aplicarse dos o tres veces por
semana.
Si se tiene la piel sensible puede utilizarse aceite de germen de trigo o de oliva en lugar de agua caliente, y un tubito de esencia en vez de tres.
Masaje anticelulitis
Un buen masaje puede ayudar a reducir la celulitis. El masaje se aplicará utilizando un guante de algodón o fibra natural, pero no demasiado duro.
Ingredientes
(para la solución lubricante)
6 cucharadas de aceite de coco
6 gotas de esencia de limón
1 cucharada de zumo de pomelo
Preparación
Mezclar bien los tres ingredientesUso
Empapar el guante de crin con el preparado y hacer el masaje sobre la zona afectada. El masaje debe repetirse varias veces por semana.
El zumo de pomelo también puede utilizarse, por vía oral, para combatir el colesterol y la astenia primaveral.
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