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Publicado por: David in Alergias, tags: Bienestar
La congestión nasal aparece como consecuencia de la inflamación de la membrana mucosa que tapiza el interior de las cavidades nasales y que da lugar a la producción aumentada de mucosidad.
Un modo muy sencillo de evitar que las mucosas se sequen es propiciar un ambiente húmedo mediante la utilización de humidificadores, así como mantener una ingesta de líquidos adecuada, ya que de este modo se favorece que las secreciones de moco se fluidifiquen evitando la congestión. Y además hay que tener en cuenta que existen alimentos que se consideran generadores de mucosa, como es el caso de los lácteos, que aumentan y espesan la mucosidad, por lo que su consumo ha de moderarse cuando se sufra éste tipo de síntomas.
La leche es un alimento rico en proteínas de alta calidad. Además es una excelente fuente de calcio y de vitaminas liposolubles, concretamente vitamina A y D, así como de ciertas vitaminas del grupo B.
Los derivados lácteos entre los que se incluyen alimentos como el yogur, los batidos, la cuajada, los helados o el queso, son alimentos de fácil digestión y consumo. Al igual que la leche, están especialmente recomendados en periodos de crecimiento y desarrollo, como la infancia y la adolescencia, así como en situaciones fisiológicas concretas como son el embarazo y la lactancia. El consumo de estos productos ayuda además, al buen mantenimiento de los huesos en personas adultas y ancianos.
Todo estas propiedades hacen que los lácteos sean alimentos a incluir de forma diaria en nuestra dieta.
Sin embargo, pese a todas las cualidades, existen situaciones en las que se aconseja que el consumo de estos alimentos sea moderado. Este es el caso de la producción excesiva de mucosidad. Los productos lácteos son considerados alimentos que favorecen la producción de moco, por lo que disminuir su consumo puede mejorar este síntoma. Algunos estudios afirman que una de las causas del exceso de mucosidad es el pH excesivamente ácido de algunos derivados lácteos como el yogur, mientras que otras fuentes señalan a las proteínas presentes en la leche de vaca como causantes de las mucosidades nasales excesivas.
Aunque existe un cierto desconocimiento sobre la relación directa de los lácteos en el aumento de la mucosidad, lo que sí se sabe es que al moderar o restringir la presencia de productos lácteos en la dieta, la cantidad de mucosidad disminuye de forma importante, por lo que se facilita la desaparición de la congestión nasal, y se mejora la respiración.
En determinadas alergias, en las que es frecuente que se produzca un exceso de mucosidad, moderar el consumo de lácteos puede contribuir a la desaparición de este síntoma, por lo que el malestar se reduce.
Existen otros alimentos como el ajo, la cebolla o los puerros que están especialmente indicados en casos de exceso de mucosidad, ya que poseen efectos expectorantes y mucolíticos, es decir, tienen la propiedad de disolver o destruir la mucina, un mucopolisacárido o glucoproteína constituyente principal del moco, gracias a la presencia en su composición de compuestos azufrados. Esto hace que contribuyan a que la congestión nasal desaparezca, facilitando de este modo la respiración.
Es aconsejable además, llevar a cabo una dieta rica en líquidos que ayude a eliminar las mucosidades, así como propiciar un ambiente húmedo mediante el uso de humidificadores. De éste modo se puede conseguir que los catarros y las alergias sean un poco menos molestos y no impidan llevar a cabo las actividades cotidianas habituales.
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Publicado por: David in Bienestar, tags: agua, Bienestar
El agua con gas, gracias al ácido carbónico, estimula la secreción de los jugos gástricos por lo que facilita las digestiones. Esto resulta muy beneficioso para quienes padecen dispepsia o digestiones pesadas. No obstante, quienes presentan problemas de aerofagia o meteorismo han de evitar consumir este tipo de agua, así como cualquier otra bebida gaseosa, ya que todas ellas empeoran estos molestos síntomas, como son los gases, el dolor gastrointestinal y la hinchazón abdominal, entre otros.
Se ha extendido la creencia de que el agua con gas es una bebida con calorías y, por tanto, no está indicada para personas con exceso de peso. La realidad es que el agua, con gas o sin gas, no aporta caloría alguna, por lo que cualquiera de los dos tipos de agua se puede consumir sin problema en caso de sobrepeso u obesidad. No hay que confundir el agua con gas con otras bebidas de apariencia similar, como la tónica o la gaseosa edulcorada
Sobre todo en días calurosos, hemos de mantener suficientemente hidratado a nuestro cuerpo, ya que las pérdidas, máxime por sudor, suelen ser importantes. No hay que olvidar que cuando se bebe suficiente líquido se obtienen numerosos beneficios para la salud. Pero, ¿cuándo es mejor beber agua: antes, durante o después de comer? Esta es una cuestión en boca de muchas personas, en parte por la creencia popular de que el agua engorda si se toma durante las comidas.
El hecho de tomar líquidos (agua u otras bebidas) antes, durante o después de las comidas nada tiene que ver con que estos alimentos tengan capacidad de engordar más o menos. Lo que sucede es que se diluyen los jugos gástricos y, consecuencia de ello, la digestión se hace más lenta, es decir, tarda más tiempo.
Por esta razón, a las personas afectadas de digestiones difíciles o pesadas les puede resultar más conveniente omitir cualquier tipo de bebida (excepto el agua con gas) durante las comidas o justo después de las comidas. Sin embargo, para quienes no sufren ningún trastorno digestivo no hay una explicación dietética ni científica que justifique que no se puedan ingerir líquidos en esas situaciones.
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Son múltiples las causas de depresión entre los obesos. El gordo es un ser que vive casi permanentemente deprimido porque está muy insatisfecho con su apariencia física. La vanidad humana está en estrecha relación con la capacidad de llamar la atención de modo positivo, de atraer las miradas de admiración o de deseo. Si las miradas son burlonas, es evidente que despiertan un sentimiento contrario, una profunda sensación de humillación. Y cuando una persona tiene de sí un mal concepto, puede tomar cualquier tipo de mirada como desdeñosa. Nada deprime más al ser humano que sentirse humillado.
Otra causa de la depresión del gordo son sus reiterados fracasos en llevar a cabo los regímenes. Comienza con muchas esperanzas, no logra sus objetivos y se deprime. Se deprime además porque vive un eterno estado de privación, impedido de satisfacer su gula, cosa que lo hace sufrir más aún cuando, en la convivencia social, no puede imitar la conducta de los flacos. Esto hace del gordo no sólo un deprimido, sino también una persona envidiosa y ávida de éxitos en otros campos de actividad. Se deprime porque no soporta la privación por largo tiempo y viola sus reglas y propósitos, lo que genera en él sentimientos de culpa como si hubiese traicionado las expectativas de los demás, cuando en realidad son las suyas. Se deprime porque no se siente cómodo para gesticular, bailar, correr o nadar. Se deprime ante la idea de ir a la playa porque debido a su vanidad se sentirá disminuido frente a los demás. Se deprime cuando va a comprar ropa y nada de lo que es lindo le sirve. Se deprime cuando camina por la calle y los chicos le hacen algún tipo de desprecio. Se deprime porque los pies le duelen y la espalda también. Y podríamos mencionar otros casos similares.
Es evidente que muchas de estas causas de depresión sólo podrán desaparecer cuando la persona deje de ser gorda y haya vencido este monstruoso círculo vicioso que lo lleva a la obesidad. Es importante señalar una vez más que esta condición provoca enormes sufrimientos psíquicos, difíciles de evaluar para aquellos que no experimentan esa situación en carne propia. Al parecer, es difícil para la mayoría de los individuos tomar en serio este estado de enfermedad. Es enfermedad, al menos desde el punto de vista psíquico, y así se la define por el grado de dolor y de tensión que impone a quien la padece. Es probable que esta dificultad sea precisamente la consecuencia del hecho de que los gordos hacen un enorme esfuerzo para demostrar que no sufren, lo que es una gran mentira.
Es difícil concebir que se pueda sentir realmente alegre y feliz una persona que se mire en el espejo y se vea deformada, sabiendo por añadidura que está en ese estado por su propia “culpa” y que sólo de ella depende cambiarlo. Aparentemente, el proceso de curación es simple, pero el individuo no consigue tener éxito. La situación es terrible porque la depresión aumenta la sensación de abandono, que a su vez aumenta el vacío en el estómago, asociado, en estas personas, a la sensación de hambre. Esta se atenúa con la alimentación, alivio de la depresión y factor generador de la depresión siguiente. Comer para poner remedio a la tristeza de ser gordo no es un buen remedio, pese a que acaba por determinar algún equilibrio en torno de esa solución, precaria pero muy estable, a tal punto que puede durar varios años.
La depresión altera el metabolismo y, según creo, lo disminuye bastante. Esto ayuda a que el gordo aumente de peso con mayor facilidad, deprimiéndolo más aún. Si se dedicara a seguir una dieta estricta, también la privación tendería a disminuir el metabolismo, aumentando las probabilidades de que el enorme esfuerzo arroje resultados mediocres, cosa que agrava la depresión y contribuye a acentuar las transgresiones al régimen y un nuevo aumento de peso.
La depresión lleva a la astenia física — pereza, debilidad muscular, falta de disposición para el ejercicio — y también esto reduce el metabolismo, agravado por el hecho de que el gordo siente vergüenza de su cuerpo y por eso mismo es proclive a moverse lo menos posible.
Resulta más que evidente, al menos así lo creo, que las dietas rigurosas para un adelgazamiento rápido — que imponen un estado psíquico de extrema privación de alimentos — sólo podrán ser de alguna eficacia si están asociadas a una medicación estimulante del humor. Esta medicación puede encubrir una depresión mayor e impedir la dramática caída del desgaste energético que esta situación provoca. Esto se traducirá en algunos resultados positivos siempre que las personas utilicen la droga, de la que con frecuencia se tornan dependientes. Su supresión determina una fuerte reacción depresiva con la consiguiente tendencia a la bulimia. El hecho — raro — de que algunas personas logren adelgazamientos estables por esta vía no justifica los riesgos de perjuicios a la salud y al equilibrio emocional. Hay quienes soportan largos períodos de privación sin deprimirse y son capaces de conseguir una pérdida efectiva de peso, pero, de acuerdo con mi experiencia, siguen siendo verdaderos gordos, portadores de todo el cuadro mental que describí.
Por otro lado, la mayor parte de las personas piensan en la dieta como una especie de sacrificio temporario, como algo que nos permite adelgazar para poder después hartarnos de comida sin culpas. Desde luego que esta actitud llevará al individuo a engordar de nuevo como antes, puesto que durante el sacrificio inherente al régimen está mitificando todas las comidas a las que no tiene acceso en ese período negativo. Sueña con ellas y les atribuye una importancia indebida.
No es éste el rumbo apropiado para alguien que quiera dejar de ser gordo. Lo que sí debe hacer es terminar con los mitos asociados a la alimentación y a la recuperación de la relación de placer natural que esa función tiene en nuestra especie y que se une a las necesidades de supervivencia propias de todos los animales.
Sólo hay un camino seguro para evitar cualquier tipo de círculo vicioso asociado a la obesidad: recuperar este modo simple y espontáneo de comer que tienen todos aquellos que no están obsesionados por los kilos de más; realizar enseguida los cambios en los hábitos alimentarios y en la filosofía del acto de comer que he tratado de describir en detalle. El gordo tendrá que empezar a verse inmediatamente como una persona normal y aceptar que su peso disminuirá en forma gradual, a lo largo de varios meses de vida alegre y libre ya de privaciones. Si una persona se alimentara del modo adecuado para mantener su peso ideal (y una vez adquiridos los hábitos naturales es esto lo que ocurre) y aun así estuviera por encima de este peso, al poco tiempo llegará adonde desea. Así sucede porque el metabolismo normal, no perjudicado por la depresión, la apatía física o la mentalidad de privación, es proporcional a la superficie corporal y por ello mismo, superior en las personas más gordas. Es decir que con una alimentación normal se está ingiriendo una cantidad de energía menor que la necesaria en estas circunstancias, cosa que lleva a una lenta reducción del peso.
Nadie tiene necesidad alguna de vivir pesándose, o de contar calorías, o de usar productos dietéticos. Todo esto significa privación y tentativa de interferencia del raciocinio en el proceso natural de administración energética del cuerpo. Y los efectos de este esfuerzo de interferencia son negativos.
No hay prisa alguna en llegar al peso ideal cuando uno vive ya en condiciones normales, come de todo, es más activo físicamente y se siente con derecho al libre ejercicio de la vanidad física. Resuelto el conflicto psíquico, el individuo ya está libre y tendrá en su fuero íntimo la certeza de que se está encaminando a la pérdida de peso definitiva. Esta certeza trae consigo el optimismo y el coraje necesarios para experimentar una nueva condición de vida. Lo nuevo, aun cuando se prevea que va a ser agradable, es siempre una aventura y requiere el valor de embarcarse en ella. El optimismo y la ausencia de sufrimiento determinan el fin de la depresión crónica, cosa que disminuye el hambre y facilita el establecimiento de nuevos hábitos, tan indispensables para la verdadera curación.
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Los niveles de triglicéridos en sangre dependen de tantos factores y de diferentes metabolismos que resulta extremadamente dificil asegurar que dichos niveles puedan hacernos daño.
No está claro si valores elevados de triglicéridos aumentan el riesgo de enfermedades cardíacas o de accidentes vasculares cerebrales. Los valores en sangre de triglicéridos superiores a 250 mg/dl se consideran anormales, pero los valores elevados no parecen aumentar de modo uniforme el riesgo de arteriosclerosis o de enfermedad coronaria. Sin embargo, las concentraciones extraordinariamente elevadas de triglicéridos (superiores a 800 mg/dl) pueden producir pancreatitis e ictus.
En la tabla aquí expuesta os indico algunas causas del aumento de lípidos en sangre no tan comunes.
Causas del aumento de la concentración de grasas
Colesterol
Dieta con alto contenido en grasas saturadas.
Diabetes mal controlada.
Cirrosis.
Glándula tiroides hipoactiva.
Glándula hipófisis hiperactiva.
Insuficiencia renal.
Porfiria.
Componente hereditario.
Triglicéridos
Esceso de calorías en la dieta.
Abuso del alcohol.
Diabetes grave no controlada.
Insuficiencia renal.
Ciertos fármacos:
-Estrógenos.
-Anticonceptivos orales.
-Corticoesteroides.
Componente hereditario.
Los triglicéridos por si solos no es que nos preocupen demasiado, hasta cierto punto, lo peligroso es que además de los triglicéridos elevados, estén también el colesterol y el nivel de azucar elevado.
Estos tres valores nos indican que tenemos una diabetes de tipo 2, en fase de desarrollo o formada completamente.
En estos dos videos se explica como se desarrolla y como se combate de forma totalmente natural y lógica esta dolencia.


Ahora tenemos un poco de información más sobre los triglicéridos y lo que nos pueden acarrear a la larga.
Una vez más somos lo que comemos.
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Este artículo problamemente será uno de los más problemáticos que voy a escribir.
En él voy a explicar cómo y en qué manera estamos a merced de la industria farmacéutica. Muchos de los fármacos que hoy en día tomamos sólo nos mitigan los síntomas de la enfermedad, es decir, esos dolores de cabeza que a veces tenemos sin ninguna explicación, o esos dolores musculares que a veces achacamos a una mala postura durmiendo.
Mi intención no es alarmarles, sólo pretendo informarles que los síntomas es la forma que tiene nuestro cuerpo de decirnos “cuidado tío, algo estás haciendo que me esta haciendo daño”.
Vamos a poner el clásico ejemplo de un coche. ¿Qué pasaría si hicieramos caso omiso de las recomendaciones del fabricante de nuestro coche de cambiar el aceite del motor cada diezmil km.?
Nuestro coche perdería potencia primer síntoma, consumiría más combustible segundo síntoma, se recalentaria con más frecuencia, tercer síntoma. Hasta que por fin se griparía que sería ya la enfermedad.
A nadie se nos ocurre hacer esto verdad, nosotros vamos religiosamente a cambiar el aceite del motor.
Pues lo mismo pasa con nuestro organismo, pero lo malo de todo esto, es que cuando tenemos un síntoma, nosotros no vamos a que nos cambien el aceite, somos tan listos que nos tomamos cualquier analgésico y a correr, a ver si se pasa ¿verdad?
Esto es lo que intenta explicar el Dr Rath. Estamos tan bien adiestrados que cuando nos duele algo lo primero que hacemos es automedicarnos, groso error y lo segundo es ir al médico a que nos dé algo para que se nos pase ese maldito dolor.
Lo que debemos de hacer es hacer caso a nuestro cuerpo, preguntarnos que estamos haciendo mal para que nos duela.
Es decir, debemos prevenir, antes de que se nos gripe el motor, debemos cambiar nuestro aceite. ¿Y eso cómo se hace?
Según el Dr Rath, mediante la nutricíon celular debajo se explica brevemente mediante un video.
Y ustedes se preguntarán cómo es posible que con la nutrición pueda aliviar esos síntomas y por ende la posible enfermedad.
Pues bien hagámoslo a la inversa ¿Qué me pasaría si comiera todos los días comida basura? La respuesta es obvia verdad, desde una hipertensión, pasando por un infarto hasta un cancer de colon.
Entonces si con una mala nutrición me puedo provocar un cancer u otras muchas enfermedades, con una buena nutrición, no sólo no enfermaré sino que las posibles enfermedades incipientes que podría llegar a tener sanarían.
No me gustaría que a partir de estos momentos se vuelvan unos hipocondríacos pero si que tengan en cuenta que abusar de los caprichos alimenticios pueden tener graves consecuencias.
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