Todos tenemos la tendencia de guardar cosas. Cosas que no queremos tirar, regalar o reciclar en un momento determinado porque son útiles, y creemos que algún día nos harán falta.
Tres años después, siguen guardadas y todavía no nos han hecho falta.
Pero mientras tanto, ocupan espacio en nuestras casas. Casas que, como la mía, no son especialmente grandes. Así que empezamos a amontonar cosas y cosas, hasta que al final tenemos la agobiante sensación de estar rodeados de trastos. Trastos que además hay que cuidar, que te crean obligaciones.
Y eso crea estrés y hace que no estemos bien en casa.
El hogar, debe ser un lugar donde sentirte protegido, relajado y a gusto. Donde desconectar de las tensiones del día a día.
Lo mismo ocurre con el orden y el desorden. Aunque no seamos conscientes de ello, el desorden produce nerviosismo y el orden produce tranquilidad. Así que si nuestro hogar se encuentra limpio y ordenado, al pasear la vista, sentiremos que todo está bien, y mucha paz.
Así que es más que recomendable, por lo menos una vez al año, hacer repaso de armarios y cajones, y deshacernos de todas esas cosas que llevamos más de un año sin utilizar.
Este ejercicio, no sólo nos dará más espacio en el hogar, sino que nos produce bienestar al ser un acto de renovación.
A veces nos resistimos a estos cambios por miedo a perder nuestros recuerdos, o dejar de ser quienes somos, sin darnos cuenta que renovarse es necesario, para seguir avanzando en la vida, no quedarse estancados en determinada fase.
No hay que resistirse a los cambios, sino estar atento a sus señales, ser capaces de verlos venir cuando se van a producir y estar preparados para ellos.
Entradas (RSS)