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18 01 2009

Actitud mental frente a las dietas

Publicado por: David en Dietas, tags: Bienestar, bienestar mental, Dietas, nutricion optima

Son múltiples las causas de depresión entre los obesos. El gordo es un ser que vive casi permanentemente deprimido porque está muy insatisfecho con su apariencia física. La vanidad humana está en estrecha relación con la capacidad de llamar la atención de modo positivo, de atraer las miradas de admiración o de deseo. Si las miradas son burlonas, es evidente que despiertan un sentimiento contrario, una profunda sensación de humillación. Y cuando una persona tiene de sí un mal concepto, puede tomar cualquier tipo de mirada como desdeñosa. Nada deprime más al ser humano que sentirse humillado.
Otra causa de la depresión del gordo son sus reiterados fracasos en llevar a cabo los regímenes. Comienza con muchas esperanzas, no logra sus objetivos y se deprime. Se deprime además porque vive un eterno estado de privación, impedido de satisfacer su gula, cosa que lo hace sufrir más aún cuando, en la convivencia social, no puede imitar la conducta de los flacos. Esto hace del gordo no sólo un deprimido, sino también una persona envidiosa y ávida de éxitos en otros campos de actividad. Se deprime porque no soporta la privación por largo tiempo y viola sus reglas y propósitos, lo que genera en él sentimientos de culpa como si hubiese traicionado las expectativas de los demás, cuando en realidad son las suyas. Se deprime porque no se siente cómodo para gesticular, bailar, correr o nadar. Se deprime ante la idea de ir a la playa porque debido a su vanidad se sentirá disminuido frente a los demás. Se deprime cuando va a comprar ropa y nada de lo que es lindo le sirve. Se deprime cuando camina por la calle y los chicos le hacen algún tipo de desprecio. Se deprime porque los pies le duelen y la espalda también. Y podríamos mencionar otros casos similares.
Es evidente que muchas de estas causas de depresión sólo podrán desaparecer cuando la persona deje de ser gorda y haya vencido este monstruoso círculo vicioso que lo lleva a la obesidad. Es importante señalar una vez más que esta condición provoca enormes sufrimientos psíquicos, difíciles de evaluar para aquellos que no experimentan esa situación en carne propia. Al parecer, es difícil para la mayoría de los individuos tomar en serio este estado de enfermedad. Es enfermedad, al menos desde el punto de vista psíquico, y así se la define por el grado de dolor y de tensión que impone a quien la padece. Es probable que esta dificultad sea precisamente la consecuencia del hecho de que los gordos hacen un enorme esfuerzo para demostrar que no sufren, lo que es una gran mentira.
Es difícil concebir que se pueda sentir realmente alegre y feliz una persona que se mire en el espejo y se vea deformada, sabiendo por añadidura que está en ese estado por su propia “culpa” y que sólo de ella depende cambiarlo. Aparentemente, el proceso de curación es simple, pero el individuo no consigue tener éxito. La situación es terrible porque la depresión aumenta la sensación de abandono, que a su vez aumenta el vacío en el estómago, asociado, en estas personas, a la sensación de hambre. Esta se atenúa con la alimentación, alivio de la depresión y factor generador de la depresión siguiente. Comer para poner remedio a la tristeza de ser gordo no es un buen remedio, pese a que acaba por determinar algún equilibrio en torno de esa solución, precaria pero muy estable, a tal punto que puede durar varios años.
La depresión altera el metabolismo y, según creo, lo disminuye bastante. Esto ayuda a que el gordo aumente de peso con mayor facilidad, deprimiéndolo más aún. Si se dedicara a seguir una dieta estricta, también la privación tendería a disminuir el metabolismo, aumentando las probabilidades de que el enorme esfuerzo arroje resultados mediocres, cosa que agrava la depresión y contribuye a acentuar las transgresiones al régimen y un nuevo aumento de peso.
La depresión lleva a la astenia física — pereza, debilidad muscular, falta de disposición para el ejercicio — y también esto reduce el metabolismo, agravado por el hecho de que el gordo siente vergüenza de su cuerpo y por eso mismo es proclive a moverse lo menos posible.
Resulta más que evidente, al menos así lo creo, que las dietas rigurosas para un adelgazamiento rápido — que imponen un estado psíquico de extrema privación de alimentos — sólo podrán ser de alguna eficacia si están asociadas a una medicación estimulante del humor. Esta medicación puede encubrir una depresión mayor e impedir la dramática caída del desgaste energético que esta situación provoca. Esto se traducirá en algunos resultados positivos siempre que las personas utilicen la droga, de la que con frecuencia se tornan dependientes. Su supresión determina una fuerte reacción depresiva con la consiguiente tendencia a la bulimia. El hecho — raro — de que algunas personas logren adelgazamientos estables por esta vía no justifica los riesgos de perjuicios a la salud y al equilibrio emocional. Hay quienes soportan largos períodos de privación sin deprimirse y son capaces de conseguir una pérdida efectiva de peso, pero, de acuerdo con mi experiencia, siguen siendo verdaderos gordos, portadores de todo el cuadro mental que describí.
Por otro lado, la mayor parte de las personas piensan en la dieta como una especie de sacrificio temporario, como algo que nos permite adelgazar para poder después hartarnos de comida sin culpas. Desde luego que esta actitud llevará al individuo a engordar de nuevo como antes, puesto que durante el sacrificio inherente al régimen está mitificando todas las comidas a las que no tiene acceso en ese período negativo. Sueña con ellas y les atribuye una importancia indebida.
No es éste el rumbo apropiado para alguien que quiera dejar de ser gordo. Lo que sí debe hacer es terminar con los mitos asociados a la alimentación y a la recuperación de la relación de placer natural que esa función tiene en nuestra especie y que se une a las necesidades de supervivencia propias de todos los animales.
Sólo hay un camino seguro para evitar cualquier tipo de círculo vicioso asociado a la obesidad: recuperar este modo simple y espontáneo de comer que tienen todos aquellos que no están obsesionados por los kilos de más; realizar enseguida los cambios en los hábitos alimentarios y en la filosofía del acto de comer que he tratado de describir en detalle. El gordo tendrá que empezar a verse inmediatamente como una persona normal y aceptar que su peso disminuirá en forma gradual, a lo largo de varios meses de vida alegre y libre ya de privaciones. Si una persona se alimentara del modo adecuado para mantener su peso ideal (y una vez adquiridos los hábitos naturales es esto lo que ocurre) y aun así estuviera por encima de este peso, al poco tiempo llegará adonde desea. Así sucede porque el metabolismo normal, no perjudicado por la depresión, la apatía física o la mentalidad de privación, es proporcional a la superficie corporal y por ello mismo, superior en las personas más gordas. Es decir que con una alimentación normal se está ingiriendo una cantidad de energía menor que la necesaria en estas circunstancias, cosa que lleva a una lenta reducción del peso.
Nadie tiene necesidad alguna de vivir pesándose, o de contar calorías, o de usar productos dietéticos. Todo esto significa privación y tentativa de interferencia del raciocinio en el proceso natural de administración energética del cuerpo. Y los efectos de este esfuerzo de interferencia son negativos.
No hay prisa alguna en llegar al peso ideal cuando uno vive ya en condiciones normales, come de todo, es más activo físicamente y se siente con derecho al libre ejercicio de la vanidad física. Resuelto el conflicto psíquico, el individuo ya está libre y tendrá en su fuero íntimo la certeza de que se está encaminando a la pérdida de peso definitiva. Esta certeza trae consigo el optimismo y el coraje necesarios para experimentar una nueva condición de vida. Lo nuevo, aun cuando se prevea que va a ser agradable, es siempre una aventura y requiere el valor de embarcarse en ella. El optimismo y la ausencia de sufrimiento determinan el fin de la depresión crónica, cosa que disminuye el hambre y facilita el establecimiento de nuevos hábitos, tan indispensables para la verdadera curación.

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Esta entrada se publicó el Domingo, 18 Enero, 2009 a las 12:51 y está archivada en Dietas. Puedes seguir los comentarios de esta entrada en el RSS 2.0 feed. Puedes escribir un comentario, o hacer trackback desde tu blog.

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